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Cambio de lente, conforme mi mente me permite percibir más realidades.

- María De Sayve

rompiendo paradigmas

en salud

Innumerables horas de discusiones “científicas” y decenas de miles de páginas de libros y publicaciones se han malgastado constantemente para demostrar que, siendo el modo propio de ver la realidad el único justo y verdadero, todo aquel que vea la realidad de otro modo ha de estar necesariamente equivocado.       

Un paradigma es una forma particular de ver las cosas, una forma de percibir la realidad. Es invisible para él mismo, uno no puede percibir que se halla inmerso en él. Un paradigma es inconmensurable, lo abarca todo, impone su imperio en todo el campo posible de la ciencia y no permite la coexistencia de otras formas de ver el mundo. Así lo expresó Thomas Khun desde 1962, en su libro “La estructura de las revoluciones científicas”.

Con el cambio de paradigma, viene implícito un cambio de percepción, entendiendo así, que realidad no hay solo una, sino cuantas estemos dispuestos a ver. Cada persona crea su propia realidad sobre la base de lo que hace, guiada por la perspectiva que asume dentro de la realidad con la cual interactúa.

La medicina alopática funciona bajo una perspectiva lineal (de causa y efecto). Se encuentra fundada sobre conceptos hipotéticos confundidos con verdades absolutas. Ha creado una realidad alimentada del ego de la comunidad científica y de los intereses económicos y políticos que la sostienen. Este sistema de pensamiento, regido bajo la idea de un “gran mal” al cual debemos de atacar, no se limita únicamente a la medicina alopática, cualquier enfoque terapéutico (naturopático, psicológico, etc.) funciona bajo la misma premisa dominada por el miedo. Así con cada enfoque terapéutico creyéndose conocedor de la única verdad absoluta, solo se crea más confusión para el que busca respuestas y ayuda.

 Gracias a la protocolización de todos los procedimientos  terapéuticos dentro de la medicina alopática, la percepción que se tiene, es que si algo no funciona, solo puede deberse a dos razones: Ya sea que no se aplicó el procedimiento de forma adecuada o el paciente no siguió las órdenes del médico al pie de la letra, sin pensar que existe otra realidad fuera de la curva “normal” de nuestras estadísticas. Nos hemos olvidado que normalidad, no es sinónimo de enfermedad.   Hegel decía en tono irónico “Si los hechos no se adecuan a la teoría, tanto peor para los hechos”.

El Dr. Peter Glidden define esta forma de hacer medicina como “reduccionismo alopático”, en donde en lugar de encargarse del manejo de la salud, nos encargamos del manejo de la enfermedad. El éxito de la medicina no depende ya del bienestar y de la supervivencia de los pacientes, sino de los meses de vida ofrecidos como penitencia por darte la posibilidad de someterte a un tratamiento en experimentación, el cual no te da garantía de nada.

A los médicos se nos ha enseñado, que el cuerpo no tiene inteligencia propia, es únicamente una maquina cuyas partes son reemplazables, e inclusive algunas de ellas desechables. Dentro de esta perspectiva, creemos que el ser  humano no responde a las leyes de la naturaleza, que somos seres inteligentes creados en un molde distinto al resto de las especies, nos olvidamos que estamos conformados por millones de células y que nuestro origen se remonta a millones de organismos unicelulares que se unieron para poder coexistir y evolucionar como Sistemas Biológicos aumentando así, la posibilidad de nuestra supervivencia.

El error principal de la “ciencia” hoy en día, proviene de la falsa creencia de que existe una sola lógica basada en dogmas irrefutables. Bajo esta percepción podemos resumir “el conocimiento médico” en 5 palabras que libran al médico de cualquier responsabilidad y condenan al paciente para siempre: Autoinmune, crónico, idiopático, genético y maligno. Siguiendo esta creencia, se considera cualquier proceso que se lleve a cabo en el cuerpo como una patología estática de la cual jamás te podrás librar. Estos falsos conocimientos terminan llevando a quien se encuentra afectado por algún diagnóstico, acompañado de estas palabras, a una desesperada resignación caracterizada por la pérdida de la esperanza de no poder curarse nunca y de iniciar el camino hacia una vida dolorosa, que nos acerca a lo que más tememos, la muerte.

Desde que Claude Bernard en 1867 describió el concepto de homeostasis, hipnóticamente caímos en el engaño de que la estabilidad, con un cambio mínimo de las condiciones internas dentro de un sistema, es el estado ideal del hombre. Ignorando el hecho de que la definición de homeostasis habla de un equilibrio dinámico. Gracias al entendimiento erróneo de este concepto y los diagnósticos sentenciados, hemos traducido al equilibrio dinámico como un equilibrio estático, un concepto completamente invalido desde el ángulo en el que decidas analizarlo. Como ser vivo, la inexistencia de cambios perpetuos, es un sinónimo de estar muerto.

 Afortunadamente a pesar de este sombrío escenario, para algunos cuantos, esta realidad tiene la posibilidad de cambiar si se le mira desde otro punto de vista y con distintos lentes.

 Como ya se mencionó, el organismo se describe como la totalidad de un sistema, el cual deriva, no de la suma de sus partes individuales,  sino que emerge de sus interrelaciones dinámicas y complejas. Debemos entender al organismo como un sistema dinámico que interactúa con el mundo, que responde a estímulos e instintivamente actúa para adecuarnos a estos estímulos. Viéndolo así, los cambios que ocurren dentro del sistema no deben de ser traducidos como fallas y diagnosticados como patologías estáticas. Con estas bases, mirando desde otra perspectiva, esas 5 palabras que definen a la medicina como entidades estáticas se transforman en hechos subjetivos y cambiantes dependiendo del ángulo en el que se les mire.

Olvidarnos de nuestra mente instintiva, para reducirlo todo al pensamiento, nos hace olvidarnos que somos millones de años de evolución a prueba y error, limitando así nuestra propia existencia. En palabras de Peter A. Levine, A lo largo de los milenios, la inteligencia innata del cuerpo fue abandonada a favor de la exclusividad de la racionalidad, la simbolización y el lenguaje.” Somos seres dinámicos dependientes del entorno que nos rodea, somos seres perceptivos que respondemos a los estímulos tanto internos como externos y la interacción con estos estímulos, es la responsable de los cambios dados en todos los niveles de nuestro organismo.

Podríamos resumir esta interacción de la siguiente manera: la psique que interpreta esos estímulos recibidos, a nuestro cerebro que los procesa y el cual envía las señales a nuestro cuerpo para que responda, generando así los cambios necesarios dentro del sistema como una entidad única, no separada de sus partes.

Comenzar a entendernos como seres biológicos que interactuamos con el mundo, seres instintivos que se adelantan a la razón y al pensamiento para asegurar nuestra supervivencia, nos permite vivir libre del miedo al “gran mal”, ya que ahora entendemos que somos un conjunto de procesos biológicos en constante cambio y que todo cambio presente en el cuerpo, no es más que la respuesta de nuestro organismo a estímulos percibidos. Al permitirnos un cambio de perspectiva entendemos que la psique, el cerebro y el órgano, no pueden considerarse aisladas una de la otra.

Este cambio de paradigma, no es solamente un juego de palabras; es más bien una visión del mundo completamente diferente, una mirada totalmente distinta sobre la forma en que funciona el organismo, es volver a contar nuestra historia y la ciencia como la conocemos. Es momento de comenzar a re-aprender el lenguaje de nuestro cuerpo, para poder descubrir un infinito de posibilidades, liberarnos de una perspectiva lineal para transformarla por una dinámica y no excluyente que responde a nuestras necesidades.

El criterio estadístico establece como normal al "hombre promedio", a aquel que por sus características se aproxima a la media aritmética de las características del grupo a que pertenece.  Es un criterio cuantitativo y "realista", basado en hechos de observación, ya que tiene en cuenta cómo el hombre ES (y no cómo "DEBE SER").  Es decir que si un individuo tiene una conducta semejante a las conductas mayoritarias de su comunidad es NORMAL.  Está "adaptado", (del latín ad=a y aptare=acomodar: ajustar una cosa a otra). Y aquellos que se alejan del promedio (como en los extremos de la curva de Gauss) son considerados ANORMALES.

Los biólogos cada vez están más conscientes de que los animales han coevolucionado y continúan a coexistir con diversos ensamblajes de microorganismos que se requieren para mantener una salud y un desarrollo normal.

¿Y la piel donde queda en todo esto? En un mundo subjetivo, la piel es la mejor garantía de que estamos vivos.

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